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domingo, 7 de julio de 2024

TRE® Tension and Trauma Releasing Exercises

Liberación de tensiones a través del movimiento

Las imágenes hablan más que mil palabras. Estas imágenes capturan la esencia de las sesiones grupales de TRE® que he estado ofreciendo desde el año pasado. En ellas, encontrarás personas de todas las edades y procedencias, unidas por un objetivo común: liberar la tensión acumulada en su cuerpo y alcanzar un estado de profundo bienestar.

TRE®, o Ejercicios de Liberación de Tensión y Trauma, es una técnica sencilla y poderosa que aprovecha los propios mecanismos de autocuración del cuerpo para eliminar el estrés, la ansiedad y los traumas físicos y emocionales. A través de una serie de movimientos suaves y ondulatorios, guiados por un facilitador certificado, las personas pueden acceder a un estado de relajación profunda y liberar la tensión acumulada en sus músculos y tejidos.

Lo mejor de TRE® es que se puede realizar en cualquier lugar. Ya sea en la comodidad de tu hogar, en un estudio o incluso al aire libre, se pueden experimentar los beneficios de esta práctica.

¿Te gustaría experimentar TRE® y descubrir cómo puede ayudarte a mejorar tu salud física y emocional? Te invito a participar en una sesión, ya sea individual o grupal, presencial o en línea.

Juntos, podemos liberar las tensiones y alcanzar un estado de mayor bienestar.

¡Contactame hoy mismo para más información!

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jueves, 8 de febrero de 2024

Vivir sol@: entre la soledad y el autodescubrimiento


Hoy quiero invitarte a pensar en ese tema que suele rondar nuestras charlas cotidianas: ¿vivir solos es sinónimo de vivir mal? La respuesta no viene en un paquete predefinido, pero seguro podemos explorar juntos algunos matices.

Estuve pensando en dos situaciones que me pusieron a darle vueltas al asunto. Por un lado, esas personas que llegan a cierta edad solas y a veces sienten como si les faltara algo. Y por otro, los jóvenes que se aventuran a estudiar lejos de casa y, al parecer, andan sufriendo su propia película.

Primero que nada, me surge la idea de que "el sufrimiento es opcional" aunque también me suena a algo sacado de un libro de autoayuda. Pero vamos a ver si podemos darle un toque más realista.

Viejas y Nuevas Historias de Soledad:

Es cierto, aquell@s que se enfrentan a la soledad a cierta edad, a veces sienten ese huequito en la rutina. ¿Será que extrañan las conexiones que solían tener? Puede ser. Pero no hay que olvidar que también tienen una vida rica en experiencias y sabiduría. Tal vez no les falta compañía, sino encontrar nuevas formas de conexión.

Y l@s jóvenes que se tiran a la aventura de vivir solos cuando van a la universidad, ¡se la bancan para seguir su plan de vida! Pero claro, extrañan el abrazo de la familia. La distancia duele, pero esa nostalgia también te empuja a valorar cada encuentro como un tesoro.

Aprender a Convivir Con Uno Mismo:

Vivir solo no debería ser una condena, sino una oportunidad para conocerte mejor que tu primo más cercano. La soledad no es enemiga, es esa amiga que te invita a explorar tus propios rincones emocionales y descubrir qué te hace vibrar.

Es verdad, hay momentos en que la soledad pesa como un peso extra, pero también hay algo mágico en aprender a disfrutar tu propia compañía. Es ahí donde la soledad se transforma en autodescubrimiento, en un viaje interno que puede resultar más emocionante que una serie de Netflix.

La Compañía de la Elección:

Ahora, lo de "el sufrimiento es opcional" suena medio intenso, pero hay algo de verdad. Elegir cómo vivir la soledad es clave. Buscar nuevas amistades, conectarse con la familia aunque sea por videollamada, todo suma.

La soledad no es un castigo, es un espacio donde decidimos qué hacer con nuestra vida. Puede ser una obra de teatro épica o una película aburrida, depende de nosotros.

En fin, vivir solo no es vivir mal, es una oportunidad para escribir tu propia historia. Así que, tomate tiempo para vos, poné música y disfrutá de este momento con vos mism@ para elegir tu próximo paso que te puede ofrecer oportunidades renovadas.

domingo, 17 de diciembre de 2023

Ser o no ser hormigas, esa es la cuestión


Hoy vi una hormiga negra arrastrando una mora. Hacía calor, soplaba el viento del norte y ella era la única de su colonia que estaba afuera, trabajando. Calculo que estuvo un buen rato hasta transportar la fruta durante los 4 metros que separa el hormiguero del árbol. Vale decir también que el fruto es varias veces más grande que la hormiga.

Me llené de preguntas. ¿Qué la motiva a trabajar cuando sus iguales descansan? ¿Por qué las otras no están haciendo nada? ¿Qué pensará ella? ¿Piensan en algo las hormigas? Si no lo hacen, ¿qué instinto lleva a una sola de ellas a seguir adelante?

Pienso que hay personas que son como esa hormiga. Una fuerza inexplicable o desconocida las mueve a seguir adelante con una tarea con la misma determinación. La hormiga no se puso a pensar si era difícil, si estaba sola o si valía el esfuerzo. Simplemente, la hizo. 

¿Cuántas veces no hacemos nuestra tarea porque nos detenemos a pensar demasiado? O a considerar lo que hacen nuestros pares. O a juzgar que es “mucho trabajo”. O a dudar de nuestra capacidad de hacerlo. Ahí es donde entramos a la "parálisis por análisis", ese laberinto mental en el que nos atascamos y nuestra energía para hacer, se drena.

Y quizás simplemente lo único que necesitamos es hacer algo pequeño. Bien sea empezar a hacer algo nuevo o continuar haciendo lo que comenzamos (ya hablamos aquí acerca de la valentía de soportar los procesos https://silvinamoralestheartofwellness.blogspot.com/2023/05/que-valentia-tan-admirable-la-de.html)

A mí me gusta iniciar las acciones desde la pregunta: ¿Qué o quién me colaboraría para salir de esta parálisis? ¿Qué requiero dejar de hacer para enfocar mi energía creadora? ¿Cuál es "la fruta que elijo transportar"? ¿Qué sería necesario permitirme recibir para lograrlo?

Te invito a que pensemos juntos ¿Qué sería posible lograr si fuéramos cada día un poco más como esta hormiga?

Gratitud infinita a esta pequeña maestra.

lunes, 9 de octubre de 2023

¿Cuánto estás en tu mente para que el cuerpo deba gritarte?

 


La mayoría de las personas van por la vida sin registro de su cuerpo. Como si fuera un taxi que contratan para transportarlos de un lado a otro, le dan las coordenadas donde debe llevarlos y dan por sentado que va a estar siempre ahí para brindar ese servicio.

Vivimos en la mente, que nos lleva de un pensamiento a otro. Nos estructuramos para funcionar linealmente y así cumplir con los mandatos de una agenda y le exigimos al cuerpo que cumpla con el deber de “cumplir”. Quizás nos ocupamos de una rutina de alimentación o de ejercicio, pero ¿nos damos el espacio para realmente habitar nuestro cuerpo? Muchas veces ignoramos la incomodidad, nos negamos a sentir el NO que el cuerpo físico nos susurra. Entonces, no dejamos otra alternativa que recibir el mensaje a través de un dolor, un accidente, un síntoma que nos fuerza a detener la marcha.

Salir del modo automático y prestar atención al mensaje que nos trae el cuerpo es una poderosa alternativa a simplemente sufrir lo que está pasando. Tomar la posibilidad de revisar lo que antes pasamos por alto es resignificar el dolor y transformarlo en maestro. Hacernos algunas preguntas, aprender a escuchar las respuestas e indagar en lo que podemos hacer diferente son algunas de las cosas que podemos elegir en estas situaciones para cultivar nuestra tránsito consciente y empoderado por la vida. Descubrir qué herramientas nuevas podemos incorporar (en el sentido de llevar al cuerpo) para estar más presentes es uno de esos tesoros. Integrar cuerpo, mente, emociones y espíritu para funcionar armónicamente es la transmutación más bella y valiosa que podemos hacer del dolor.

A vos, ¿Qué mensaje te está trayendo el cuerpo?

¿Qué lugar le das a la incomodidad de sentir?

¿Qué prácticas y hábitos necesitas sumar para tu bienestar y cuáles necesitas dejar ir?

miércoles, 10 de mayo de 2023

Qué valentía tan admirable la de soportar los procesos, no?

Al decir de David Berceli en su libro Liberación del Trauma: “No nos agradan las experiencias difíciles, ¡y mucho menos el dolor! (…) Al resistir lo que no queremos, de hecho, incrementamos nuestro malestar. Al estar en guerra con nosotros mismos, nos ponemos ansiosos y tensos. La vida se vuelve más difícil, con lo cual nos ponemos aún más tensos.”

Si hacemos ejercicio y nos duele el cuerpo, no queremos ese dolor. Aunque sepamos que son los músculos creciendo (o rompiéndose sutilmente para desarrollarse?) Rechazamos el dolor en todas sus formas. Buscamos analgésicos de diversos tipos para no sentir. Y olvidamos que la principal característica de un cuerpo vivo es esa, sentir.

¿Será que olvidamos que el dolor está de paso? ¿O tememos quedarnos a residir en el dolor? ¿Tenemos ideas y juicios acerca del dolor como algo malo, peligroso, tóxico? ¿Conocemos al dolor o lo estamos prejuzgando?

¿Será que nos acostumbramos tanto a la satisfacción inmediata que nos ofrece la tecnología que ya no tenemos paciencia para los tiempos que requieren los procesos de desarrollo personal?

“Me he convencido de que con nuestra evitación, negación y miedo, estamos alejando precisamente aquellas experiencias que buscan estimular la evolución de nuestra consciencia. De hecho, con esa actitud nos estamos negando la oportunidad de convertirnos en la persona que anhelamos ser y en la que estamos destinados a llegar a ser”, concluye Berceli.

miércoles, 3 de mayo de 2023

Gracias, Incomodidad. Sin vos todavía estaría en lugares que no eran para mí.

¿Cuántas veces te encontraste haciendo miles de cosas para evitar sentir esas emociones "incómodas"? O tal vez le dijiste a un ser querido "no te pongas mal", "hacé esto para que estés bien" o "mejorate pronto".

Culturalmente valoramos "estar bien" como el único estado que queremos atravesar y mantener el mayor tiempo posible. Sin embargo, esto es sólo un punto de vista. Pero, ¿qué tal si aceptamos esas otras emociones, las que no son expansivas y distendidas? ¿Qué crecimientos y oportunidades hay dentro de cada emoción que no estoy reconociendo? ¿Qué estoy evitando al evitarlas? ¿Qué más es posible?

Dice Humberto Maturana que “sin emoción no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, no hay memoria”. Claramente, la curiosidad puede originarse en la mente, pero la acción en sí para perseguir ese objetivo inicia en las tripas.

Reducir juicios y puntos de vista acerca de valorar a las emociones como buenas o malas colabora para permitirnos recibir todo lo que está disponible, aún aquello que no puedo ver a simple vista. Y transitar estados emocionales no significa tener que quedarnos indefinidamente en ellos, sino lo contrario. Al dejar de resistirnos, suavizamos y flexibilizamos los aprendizajes, las reflexiones y los procesos fluyen con más facilidad.

En síntesis, nos fortalecemos y enriquecemos animándonos a sentir: percibir lo interno nos conecta con el mundo.

Te cuento cómo transformar el veneno en medicina

Hoy me está costando fluir, o más bien, me interpela esta cuestión: cuándo fluir y cuándo poner un límite? Hay situaciones que no se resuelv...